Hace unos veinte años, Donald Trump, el empresario, afirmó que en cuanto cambiaran las leyes estaba «dispuesto a levantar el Taj Mahal en La Habana». En esa época de alta disposición personal, el magnate inmobiliario tanteó negocios en la Isla a través de una consultora —la Seven Arrows Investment and Development—, para burlar el bloqueo de Washington a La Habana, según ha publicado la revista Newsweek.

Pues sí, por aquellos días Trump Hotels echó mano al camuflaje y gastó al menos 68 000 dólares en exploración cubana, pese a los riesgos en ese campo comercial minado que era y es el bloqueo. Entonces adujeron razones humanitarias, pero luego, en 1999, el millonario dijo en un mitin en Miami que no invertiría un dólar sin un cambio de régimen… en Cuba, claro está.

Conviene recordar el pasaje como ejemplo del proceder contradictorio del hombre que ahora, como presidente, decidió ponerle otra velocidad a la maquinaria del bloqueo justo cuando esta estaba trastabillando. Las restricciones al comercio y a los viajes hacia Cuba que acaba de establecer demuestran que, contra lo que sugería el sentido común, en él se impuso el odio político frente al pragmatismo empresarial.

La nueva política afecta los intereses de los estadounidenses .

Su rúbrica intenta tachar los avances que, en comunicación aérea, agricultura, protección ambiental, combate a las drogas y al tráfico humano, ensayos clínicos, prevención de desastres, telecomunicaciones… han registrado los dos países durante el hasta ahora breve «deshielo».

En suma, su plumazo miamense pretende reforzar el muro separador que, «people to people», cubanos y estadounidenses han agrietado con natural acercamiento. De manera que los 284 000 norteamericanos que visitaron la Isla en los cinco primeros meses de este año —igualando el total del 2016— difícilmente concuerden con su mandatario. Y los cubanos, ni qué decir…

Las medidas afectas a los negocios privados.

La nueva vieja política que anunció al mundo para Cuba —y que involucra automáticamente a los aliados y a los socios comerciales de la Isla— no solo reafirma el bloqueo sino que declara explícitamente que se opondrá a quienes intenten cuestionarlo o condenarlo. Cuba, que en este cerco ha perdido 125 000 millones de dólares y sufrido penas que no se pueden tasar, tendrá que seguir levantando su economía de resistencia y dignidad.

También al interior de la gran nación del norte hay resistencia. El mismo día del anuncio de Trump, el senador republicano Jerry Moran denunció que los cambios de política perjudican a los ganaderos y agricultores de Kansas que exportan a la Isla. «Estados Unidos debe encontrar maneras de incrementar el comercio con Cuba para crear nuevos puestos de trabajo y estimular la economía estadounidense», dijo a contrapelo de su mandatario.

Un día antes, Arne Sorenson, presidente ejecutivo de Marriott International Inc, mayor operador mundial de cadenas hoteleras, había llamado a su Gobierno a mejorar los vínculos con su vecino y a entender el papel que el turismo puede jugar en ello. Contrario a su solicitud, la compañía quedó «marcada» con el anuncio, en tanto ella administra en La Habana el hotel Gaviota Quinta Avenida, bajo la marca Four Points Sheraton, y ha caído bajo la gran pupila que escudriña la ruta del dólar en Cuba.

Compañías americanas de Cruceros llegan a Cuba

Como el comadreo anticubano es intenso en ciertos círculos políticos, en mayo más de 40 compañías y asociaciones de viaje se pronunciaron por la apertura. La relación incluyó a la Asociación de Turoperadores de Estados Unidos y a la Sociedad Americana de Agentes de Viajes. Los firmantes admitían que el incremento de visitantes estadounidenses a Cuba impacta significativamente en sus negocios, tanto en ingresos como en empleos y contribuye «en gran medida al crecimiento del sector privado cubano», además de fundar vínculos con comunidades religiosas y organizaciones comunitarias independientes. ¿No era esa la visión de Trump?

Del otro lado del estrecho de La Florida parecía complementarse este mensaje cuando 55 emprendedores cubanos escribieron una carta a Ivanka Trump en un intento por evitar que un retroceso en las relaciones de los dos países condujera a «la caída de muchos de nuestros negocios».

Cuba seguirá siendo el único país al que a los ciudadanos estadounidenses no pueden viajar.

A tal punto ha beneficiado el acercamiento a varios segmentos de trabajadores cubanos no estatales que la empresa Airbnb informó recientemente que desde 2014 pagó a arrendadores privados de la Isla 40 millones de dólares por recibir a sus huéspedes. Desde abril de 2015, más de medio millón de visitantes se han alojado en casas cubanas a través del servicio, lo que convierte a Cuba en el mercado en que más crece la firma en todo el mundo.

Se sabe que el cabildeo anticubano en Miami es patrimonio casi exclusivo de un segmento envejecido por el resentimiento. La ciudadanía estadounidense y en particular las nuevas generaciones miran a otra parte. CubaOne, un grupo de jóvenes norteamericanos que abogan por mejores relaciones, le plantearon al presidente, en una misiva, que «miles de estadounidenses están visitando Cuba e impulsando el crecimiento del sector privado más grande que se registra desde 1959». Como ellos, empresarios, activistas, congresistas, agricultores, religiosos, académicos y hasta militares retirados insisten en que la marcha atrás de Trump jamás llevará adelante.

Las medidas de Trump vuelven a la retórica de la guerra fría.

Es lo que defiende la coalición pro acercamiento Engage Cuba, cuyo presidente, James Williams, esperaba hasta el día 16 de junio, como tantos, que «la opinión de una industria que apoya 7,6 millones de empleos en Estados Unidos, la gran mayoría del público estadounidense y el pueblo cubano, pese más que la de unos cuantos políticos en Washington». Pero ese día se pronunció el contrasentido.

Todos saben que Barack Obama apenas pudo pellizcar la alta tapia del bloqueo, pero aun así, los avances bilaterales registrados dejan claro cuál es el mejor camino. La presencia en Cuba de las empresas de telecomunicaciones T-Mobile, Sprint, IDT y Verizon; de aerolíneas como American Airlines, JetBlue, Southwest y Delta; de las empresas de cruceros Carnival, Norwegian y Royal Caribbean, es una señal que no se puede soslayar.

El mismo director de estrategias y operaciones de Google en Cuba, Brett Perlmutter, afirmó en Miami que «Google ha desempeñado un papel de capacitación en este primer capítulo de la historia de la conectividad de Cuba, pero esto es apenas el comienzo» y agregó que conectar a la Isla requerirá «…que Estados Unidos mantenga una política que permita que empresas de telecomunicaciones trabajen» allí.

Tampoco las encuestas respaldan a Trump. Entre otros, un sondeo de la firma Public Opinion Strategies reveló que el 86 por ciento de los viajeros de Estados Unidos a Cuba cree que sus visitas benefician a ciudadanos cubanos.

Cuba sigue abierta al diálogo

La Isla y sus contrapartes deberán ser audaces y firmes.

Las brasas del miedo, atizadas ahora por Donald Trump no son nuevas. Sin embargo es fuerte, aun dentro de Estados Unidos, la disposición por apagarlas. Las compañías de ese país siguen mirando a la Isla con la natural intención de negociar.

Cuba sigue abierta. Su Portafolio de oportunidades para la inversión extranjera señala que el país aspira a atraer cada año, al menos, 2 000 millones de dólares en inversión extranjera directa. Queda entonces mucho espacio para el crecimiento múltiple. La Isla y sus contrapartes deberán ser audaces y firmes.

Hace poco, John Kavulich, miembro del Consejo de Economía y Comercio entre Estados Unidos y Cuba, comentó que «la comunidad de negocios de Estados Unidos, como en todo, se ha estado preparando para muchos escenarios desde el día en que Donald Trump fue elegido». También se ha preparado Cuba, que no aspira a que le regalen el Taj Mahal, pero que no permite a nadie que le prohíba levantarlo.

Fotos: Roberto Ruiz Espinosa, especial para EBM.