Para que los “kamikazes” se queden

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Para que los “kamikazes” se queden

En menos de una semana volverá la Feria Internacional de la Habana con ese afán sostenido en el tiempo de promover negocios e inversiones para Cuba, pero también negocios e inversiones para el mundo. Treinta y seis ediciones dan cuenta de ello y este año con la novedad de realizar en Cuba, una réplica a pequeña escala de la Feria Internacional de San Petersburgo, aprovechando la cantidad de empresas latinoamericana y de otros países que visitan Cuba en ese momento. Es otra de las ventajas de las oportunidades que es posible aprovechar.

La relación de Cuba con la Inversión Extranjera Directa (IED) ha sido una relación de amor y odio, que ha ido desde la negación total, allá por los años sesenta y setenta, cuando disponíamos de financiamiento barato proveniente de la URSS, hasta la situación actual, en que ha sido reconocida como necesaria para nuestro desarrollo. Sin embargo, es posible apreciar que hay una distancia grande entre ese reconocimiento formal y su concreción en nuevas “reglas del juego” para negociar con los inversionistas extranjeros.

El Presidente calificó de lentos los ritmos de concreción de los negocios, lo cual pasa muchas veces por la preparación de quienes intervienen en ellos y el tiempo que se dedica en los organismos a este tema de trascendental jerarquía para el país.

(…..)Finalmente insistió en el tema de asociar la inversión extranjera al incremento de la exportación de los productos cubanos, la sustitución de importaciones y la ampliación de las capacidades de la industria para satisfacer con calidad el aumento de los niveles de consumo de la población”.

La promoción de inversiones  ha estado, casi desde sus inicios, en el foco central de los organizadores de la Feria. La promoción de inversiones es imprescindible y Cuba lo ha estado haciendo por años. (Informe sobre las inversiones en el mundo UNCTAD2016)

El país  ha logrado un “tejido” de promoción de inversiones” para nada desestimable, si atendemos al tamaño de su economía.

FIHAV es un evento cardinal para la promoción.

Es posible listarlo, aun a riesgo de que algunas de las organizaciones que se ocupan de la promoción queden fuera por descuido de quien escribe. Sin dudas, FIHAV aparece como el más importante de todos los foros,  junto a ella aparecen las Ferias Sectoriales (Industria, Construcción, ITC, Agua, Agropecuaria, Alimentos, etc, etc, etc). Luego están las organizaciones que tienen entre sus propósitos la promoción en sí misma: el Ministerio de Comercio Exterior y dentro de él, la Dirección de Inversión Extranjera, también PROCUBA (renacida desde el extinto CEPEC[1]) y la Cámara de Comercio de Cuba, en especial su Oficina de Promoción de Inversiones. Además están todas las Oficinas Económicas de todas las embajadas de Cuba en el extranjero (más de 100) y no es posible olvidar los “aparatos de negocios” de cada uno de nuestros ministerios, en especial los ministerios del sector productivo y de servicios transables. Ahora también habría que sumar los grupos negociadores de las OSDES y también las decenas de misiones a foros internacionales de inversión  y negocios.

En resumen en términos de organizaciones y estructuras que se ocupen de la promoción de inversiones es probable que Cuba sea el país  que más organizaciones de este tipo tenga por millón de dólares en Inversión Extrajera Directa invertido en el país. Obviamente, algo pasa para que a pesar de la cantidad de personas involucradas, de instituciones “trabajando en el propósito”, de esfuerzos realizados en términos de creación de “Carteras de Oportunidades”, atraer inversionistas siga siendo tan complicado. Lograr concretar un negocio  ya es casi una versión especial de la película “Misión imposible”.

No es posible pensar que todas estas instituciones trabajen mal. Tampoco que los que laboran en ellas no tengan interés en su trabajo, que la desidia prime por encima de la dedicación al propósito. Los que hemos tenido el privilegio de conocer a una buena parte de estas personas podemos atestiguar que le ponen cuerpo y alma a la tarea, a veces en condiciones muy difíciles. Muchas veces siquiera con acceso adecuado a Internet, otras sin acceso por decisión de alguien, tiendo que cumplir una permisología que los deja sin capacidad de decidir apenas algo y muchas veces les convierte en “mudos parlantes” ante sus contrapartes extranjeras. También la mayoría de las veces  en condiciones laborales bien difíciles y como media mal retribuidos y sin que su gestión, si es efectiva, tenga incentivos asociados a esa efectividad.

Pero es cierto también, que falta mucha profesionalidad y no solo porque los que laboran en este asunto necesiten “capacitación específica” en temas de negociación, sino, sobre todo, porque una buena parte de estas personas además de “promover y negociar” están obligados a realizar otras muchas otras tareas. Ganar en profesionalidad es también dedicación 100% al propósito. Otra manera de hacerlo es tercerizando algunos de estos asuntos. Contratando otros profesionales (bufetes de abogados, consultores, por ejemplo) que puedan hacer este trabajo. Sería “internalizar” hacia las empresas habilidades creadas fuera de ellas a costos globales más  bajos. Esta es una práctica mundial que solo utilizamos por excepción y muchas veces de muy mala gana. En Cuba dada las regulaciones existentes esa práctica pasa por intermediaciones estructurales y organizacionales que la hacen: cara,  poco accesible y difícil de entender a los inversionistas extranjeros. Esas “regulaciones” también han impedido la existencia de empresas “no estatales” dedicadas a estos efectos.

Zona Especial de Desarrollo Mariel, de peso en la Cartera de oportunidades.

La otra cara de esta moneda es el complemento de la promoción, esto es la facilitación de la inversión.

Si tuviéramos los datos de la cantidad de personas interesadas en invertir en Cuba que en estos últimos años han llegado al país con ese propósito y los datos de cuántas de estas personas han logrado concretar el propósito es probable que nos sorprenderíamos de la poca eficiencia. Sería bueno usar al menos tres indicadores:

  • Tiempo transcurrido entre el día 1 y el día “D”, asumiendo que el día 1 es el día que ocurre la primera reunión formal con la contraparte cubana y el día D es el día que felizmente se anuncia la creación de la empresa. (A Nestlé le tomó desde el año 2014 hasta el año 2018 para poner la primera piedra en su proyecto de Mariel y probablemente dos años más para que la “vaca comience a dar leche.”)
  • Tiempo transcurrido entre que se anuncia la creación de la empresa mixta o 100% extranjera y el día que comienza ese nueva empresa a producir algo (Hay proyectos de Golf anunciados hace varios años, con empresas mixtas constituidas).
  • Costo de oportunidad ( el más difícil) que implica el tiempo utilizado en todo el proceso, para lo cual habría que sumar los gastos de la parte cubana (salarios, energía, dietas, almuerzos y cenas, etc.) al costo de importar ese mismo bien durante los años de demora. Informe sobre las inversiones en el mundo UNCTAD2016

No es que abrumar con indicadores y datos sea muy bueno, pero hacen falta para poder saber cuán eficiente o ineficiente es un proceso determinado.

Sin dudas esos tiempos se pueden reducir, pues si observamos la “hoja de ruta” para constituir una empresa extranjera nos daremos cuenta que una parte de la tramitología y permisología puede ser adelantada por las empresas cubanas mucho antes de cualquier proceso de negociación.

En resumen: hacer de Cuba un destino preferido para la Inversión Extranjera Directa es ya de por sí un trabajo enorme por varias razones: Desde el bloqueo y Mr. Trump (que aunque parezca lo mismo, no lo es),  la preferencia del “dinero” por ir hacia donde está el dinero, o sea, hacia donde hay mayores garantías de retorno de la inversión; la afinidad política que  cuenta y a veces mucho; y nuestra maldita circunstancia de estar rodeado de agua por todas partes que hace de la “logística” un asunto costoso y a veces decisivo; hasta la existencia de competidores regionales bien posesionados.

Si después que se logra que los inversionistas vengan, tengan interés en este mercado chiquito y bloqueado, entonces, por nuestra peculiar manera de organizar la “gestión de la IED” perdemos a esos “kamikazes” pues realmente nos hacemos muy poco favor y echamos por la borda muchas oportunidades. Algo que no debiera permitirse.

La IED es necesaria, conveniente e imprescindible para nuestro desarrollo, pues nos puede proveer de tecnología, capitales, de mercados y sobre todo, porque puede generar puestos de trabajo en sectores donde esa fuerza de trabajo altamente instruida puede aprovechar de forma más plena sus potencialidades, lo es también por su contribución al ingreso nacional y el ingreso per cápita, porque puede contribuir significativamente a ese país próspero que deseamos lograr. Y si es así, y si tantos trabajan para eso, entonces ¿Por qué no acabamos de lograrlo?

[1] Centro de Promoción del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba

En exclusiva para EBM, el profesor Juan Triana Cordoví.

Por |2018-10-26T12:17:06+00:0025 octubre, 2018|EBM News, Negocios en Cuba|

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